martes, 17 de abril de 2007


Amarrada a torpes sonrisas,
Despojada de tristes mentiras,
Perpetua en el borde de la cornisa,
Permanezco tiesa, permanezco somnífera.

Como una triste estatua de agua y cal,
Carcomiéndome en ajenas añejas purgas,
Sostengo con frialdad y crueldad
La vida y la poca esperanza que queda ya.

En el abismo con lo que jamás he de olvidar,
Allí ruego por un poco sosiego, por un poco de paz.
Moribunda en los bazos de una brisa voraz,
Llamo en susurros a la muerte para con mi agonía acabar.

miércoles, 28 de marzo de 2007


Miro cara a cara el oscuro manto que se posó frente a mi. Observo detenidamente a la muerte en su lecho deleitándome en cada detalle de su suave porvenir, Pero tomo su mano y la cuestiono silenciosamente:
¿Por qué ahora y no antes? ¿por qué, taciturna y calma, te tardaste?

domingo, 18 de febrero de 2007

Quiet


Precipitando momentos, la disonancia se aguda dentro de este cajón hambriento de un cálido sentimiento. Gritos desesperados de algún demonio que suele habitar violentamente en mi, manteniéndome atónita en su vergel jardín, y hipnótica me sumerjo en su cáliz vil. La noche es tiesa, taciturna aguardo, espero tu llegada eterna compañera. Recostada en el regazo de alguna sombra solitaria, clavo mi pupila dentro del aquella estrella, hiriéndola en el núcleo de su luz, la pureza de su sonido ya no es la misma de ayer. Algo cambio, ya no se bien que es, quiero dejar de pensar pero resulta inútil volverlo a intentar. Esto me esta destruyendo una y otra vez, una nueva y acribillada ilusión se desvanece en el inalcanzable manto oscuro, como una estrella fugaz. Aniquilando mis sueños, desde lo profundo de un cruel invierno, se desenreda débil, desmayándose y rodando por mi tez. Moribunda muere en el desconcierto de una nostálgica melodía que se desprende distraída de mi pecho. Algo no anda bien, esta todo al revés. Solo estoy asustada, ¿me podrías responder por qué? Aquel sigue carcomiendo mis memorias, haciéndolas vivas cada una de ellas. Enciende mi odio y oculta el dolor, deshace el rastro de un antiquísimo amor y solo deja la marca de una herida que no ha de cicatrizar jamás. Demoníaco y altivo se asienta en mi cabeza, decide allí vivir, atando perpetuamente la versatilidad a mis pensamientos mas cuerdos. Grito casi desesperada, pero no logro levantar la voz, débil como un hilo rueda por mi boca y se cae al apenas abrirla; la congoja me invade, se me es inevitable el silencio.